IRES, DEVENIRES, Y REFLEXIONES ESCRITAS EN VOZ BAJA.

viernes, 15 de junio de 2012

Una mañana de primavera.

Para un animal nocturno como yo, las mañanas suelen ser tan escasas, como predecibles. Las de verano suelen ser de un intenso y cegador amarillo; las de otoño, de un melancólico y tristón ocre; y las de invierno, de un gélido y resplandeciente blanco... Pero, una mañana de primavera... es impredecible. Es una explosión indefinida de color. Un exuberante renacer, donde la lluvia se mezcla con el sol en un arco iris de vida, donde la naturaleza juega al despiste con el clima, y donde cada mañana, es cambiante, diferente... Mágica. Creo que fue una tarde, y no una mañana, pero estoy seguro que fue en primavera, hace unos 14 años, cuando conocí en Barcelona a una encantadora pareja de chilenos. Nos presentó un amigo común, y recuerdo aquel día con mucho cariño. Fue una tarde agradable, de compartir y descubrir, de reposado paseo, interminable tertulia, y no carente de una deliciosa merienda. Él, Félix, lleva el arte en las venas. Ella, Mónica, la sabiduría intuitiva de la madre tierra, es decir, la Pachamama, o más concretamente, la Ñuke mapu. La pachamama (que deriva del aimara y quechua, pacha: tierra) es, para los pueblos indígenas de los andes centrales, una deidad que representa la Tierra y la naturaleza en su conjunto. La Ñuke mapu (madre tierra) es lo mismo para los mapuches, salvo por un importante matiz, para ellos la "madre tierra" no es una deidad, sino la integración, interacción, y reciprocidad del mundo, el cosmos, y sus habitantes, como un todo. Mónica es mapuche, y nieta de una machi. Los mapuches son un pueblo indígena, cuyos dominios originarios se extienden (y debieran seguir haciéndolo) entre el sur de Chile y el suroeste de Argentina, y cuya traducción al castellano sería "gente de la tierra" (Mapu: tierra/ Che: gente). Las machis, son una especie de chamanas, autoridades religiosas, u oráculos, encargadas de velar, aconsejar y proteger al pueblo mapuche. Cuando mi camino se cruzó con el de tan sin par pareja de chilenos, yo ya conocía el término pachamama por varias fuentes, pero nunca lo había oído mencionar de forma tan intensa, sentida y profunda, como en boca de Mónica. Cobró entonces para mi un sentido distinto, envolvente... como en espiral. Mi percepción de la naturaleza se multidimensionó, y de pronto, pude verla, y comprenderla, con una perspectiva infinita, como un todo. Con los años, nos hemos ido encontrando y reencontrando en el camino, y no ha habido ni una sola, desde esa primera vez, que no haya aprendido con Mónica algo aparentemente sencillo, y conceptualmente profundo y complejo. Unos 7 ú 8 años después de aquella tarde, hice para el catálogo de Fontegrís esta obra, "Una mañana de primavera". Digamos que un hombre árbol, como metáfora del género humano, obsequia a la Madre Tierra con una ofrenda floral, y ella, en un acto de reciprocidad, le regala un pájaro como símbolo de libertad. Resulta evidente que está inspirada por ese concepto de pensamiento en espiral de la Ñuke mapu del pueblo mapuche. Y es evidente también, que el poso de aquella tarde de primavera, maceró y se mantuvo el suficiente tiempo en mi cabeza, como para devolverlo a través de mis manos convertido en miniatura. La viñeta aún se mantiene en catálogo, y puede conseguirse en kit (a montar y pintar) en Fontegrís.com, o bien pintada en MarcoNavas.com. Comenzaba este post recalcando lo colorista de la primavera, pero la verdad es que ésta está viniendo especialmente teñida por noticias malas, tristes y descoloridas. La tensión y crispación va en aumento, y las ciudades, se están volviendo de un gris cada día más oscuro, claustrofóbico, asfixiante, atosigante... Tanto es así, que hasta un recalcitrante urbanita como yo, empieza a plantearse muy en serio tomar el camino opuesto al de mis abuelos, abandonar la ciudad, y trasladar la Marcueva al entorno rural, en busca de algún lugar perdido, en la naturaleza. La bella hortensia con la que comparto mi vida y este trapecio, se pondrá muy contenta cuando se encuentre en la mañana tal afirmación escrita. Y es que ya os lo dije desde el principio, que hay algo mágico en el primer verdor, que hace que todo sea posible, en una mañana de primavera. P.D.: Que conste que la paupérrima maquetación del artículo, es fruto del lamentable nuevo programa impuesto por Blogger.

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