IRES, DEVENIRES, Y REFLEXIONES ESCRITAS EN VOZ BAJA.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Galadriel, y las Aguas de marzo.

Por aquello de ser este un año bisiesto, marzo se ha hecho de rogar, pero por fin ha llegado, y con él, sus aguas. Y benditas aguas!, pues como bien escribió, y cantó, allá por los setenta Pablo Guerrero, "tiene que llover, a cántaros". Me temo que demasiados cántaros tendrían que llover para limpiar el empudrecido ambiente que sofoca y oprime esta vieja piel de toro nuestra, pero al menos sus resecos campos lo agradecerán.
El próximo 17 de marzo se cumplirán los 67 años del nacimiento en Porto Alegre de la Voz de Brasil, Elis Regina. Desgraciadamente, el pasado enero del presente año se cumplieron 30 de su muerte. El triste y prematuro desenlace de su vida, tuvo lugar en Sao Paulo. A ella, que controlaba la voz y el tempo como nadie, se le fue la mano con un mortal cocktail de alcohol y tranquilizantes. Hay quien dice que la mano larga, y negra, fue la de la dictadura militar brasileira, a quienes Elis había criticado pública y contundentemente en numerosas ocasiones. Fuera como fuere, tenía 36 años, toda una vida por delante, y toda una historia cantada por detrás. Elis Regina llegó a este mundo en un mes de marzo, como las aguas. Yo lo hice el mismo año en el que ella grabó, con Antonio Carlos Jobim, la maravillosa canción "Aguas de marzo". No, esto no quiere decir nada, salvo que me gustan los juegos del azar.

De niño me encantaba sentarme a escuchar los vinilos de mis padres. Recuerdo el aparatoso y viejo tocadiscos. Era muy feo, pero en cuanto hacía girar y sonar los discos, a mí me parecía el aparato más hermoso del mundo. Podía pasarme horas viendo cómo aquella aguja surcaba las espirales del vinilo transformándolas en sonido. Y mi mente, como aquel viejo aparato, no se cansaba de surcar mundos imaginarios al compás de aquellas bellas canciones. Sentía una reconfortante paz, y un profundo sosiego viendo el simple girar de los discos. Había algo mágico en aquel rotar y sonar constante. Aún hoy, desvelado el misterio técnico, sigue resultándome cosa de magia sentir emanar la música, con el girar de un disco.

Todos los vinilos ejercían sobre mí una fascinación cautivadora, pero no todos lo hacían con la misma intensidad. Estéticamente me encantaban los Singles. Me resultaba un formato más manejable, como de niño. El problema es que la magia, se rompía antes que con los LP, y siempre con el estridente saltar de la aguja. Pero recuerdo dos Singles en concreto con los que no me importaba. Volvía a colocar una y otra vez la aguja en el principio, y era como el ciclo de la vida, que termina para volver a empezar. Uno era de Joan Baez. El otro de Elis Regina. El de Baez, viejo y cansado del voltear del tiempo, forma parte hoy de mi colección de vinilos. El de Elis, como ella, desapareció un día, para no volver jamás. Pero recuerdo bien aquella foto en blanco y negro de la portada. No podría olvidarla, aunque me lo propusiera. Aquella mirada limpia y expresiva. Aquella sonrisa infinita que dibujaba su alma transparente en el rostro. Aquella mujer era a mis ojos arrebatadora, misteriosa y cautivadora como una Reina elfa.
Cuando leí por primera vez "El Señor de los anillos", Galadriel sonaba en mi cabeza con la voz de Elis Regina. Quizás por eso, se convirtiera en uno de los personajes que más me atrajo desde una primera lectura. Sí, ya sé que la una era alta y rubia, y la otra pequeñita y morena, pero más allá de lo visible, allí donde se necesitan los cinco sentidos para ver, para mi son una misma esencia, inmortales. Hace unos 6 años, hice esta figura para Fontegrís. "La Dama del espejo", fue un intento de plasmar en miniatura todo aquello que para mí suponía Galadriel, y todo lo que significaba Elis Regina. No lo conseguí, pero al menos tengo una buena razón para volver a intentarlo. ¿Quién sabe?, tal vez algún día sea capaz de reflejar en una miniatura todo lo que son para mí Elis y Galadriel. Una fascinación sosegante, una alegría perenne, una voz cálida como el sol de la mañana, una luz brillando en una noche cerrada, la fuerza indómita de la fragilidad latente, el fin de nada y el medio de todo, un detenerse el tiempo a cada instante, un susurro de agua clara, el repiquetear de la lluvia en la ventana... son las aguas de marzo, una promesa de vida en nuestro corazón.
Salve! O Reina Elis!!.

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